Descubriendo lo desconocido

Como seres humanos, nacemos con menos instintos imbricados que otros animales. Esto nos proporciona una ventaja de supervivencia. No estamos limitados a comportamientos que encajaban con un entorno previo y aprendemos acerca de nuestro entorno actual. Y, al aprender, nos adaptamos a ello o lo adaptamos a nosotros.

Esto significa que lo desconocido es un tema mucho más importante para nosotros. Cuanto más eficazmente sepamos “adentrarnos en lo desconocido”, más efectivos seremos explorando el mundo. Una exploración eficaz nos proporcionará la experiencia para comprender de forma certera el mundo que nos rodea y, por tanto, una base práctica para cubrir nuestras necesidades.

Con cada experiencia nueva nos adentramos en lo desconocido sin tener la intención de hacerlo. Esto conlleva la posibilidad de “descoloque”. Aunque el descoloque puede ser positivo o negativo, la mera posibilidad de descoloque es, para muchas personas algo negativo y, por tanto se evita en la medida de lo posible.

¿Por qué querríamos adentrarnos intencionadamente en lo desconocido?

Hay un abanico de razones muy positivas. Todos necesitamos identificar recursos y peligros y cubrir nuestras necesidades. Otra razón es para  “empoderados” ser agentes activos en nuestras propias vidas y vivir la vida plenamente. En un nivel superior, podemos encontrar nuevas maneras de disfrutar de la exploración y el descubrimiento.

Si evitamos adentrarnos en lo desconocido, el resultado es una reducción en nuestra habilidad y capacidad para hacerlo en otras ocasiones. No estaremos practicando el dar sentido a lo “nuevo”. No estaremos practicando el modelado.

Nuestra comprensión, nuestros modelos, se harán paulatinamente obsoletos. Tendremos cada vez menos contacto con la realidad.

El modelar como habilidad para la vida desarrolla nuestra relación en el mundo como un todo sistémico. La calidad de la experiencia es muy diferente.

La exploración de la vida es una meta significativa en sí,  y se auto refuerza.

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